Somewhere there's music...

Revolviendo cosas II

23 de noviembre de 2005


¿Cómo definirla? Es una sensación particular, como si estuviera ahora: 09:45hs PM varada en la estación Caballito como tantas otras veces. Noche fría y con llovizna; yo, cansada tras un día muy largo que no parece terminar, cargando tantas cosas que mis hombros y mis brazos no aguantan, espero paciente el tren. Pero este pasa y sigue de largo. Era el rápido. Me resigno y sigo esperando. Me apoyo sobre una pared porque ni mis piernas me soportan (y no hay analgésico que las alivie). Pero la llovizna se transforma en lluvia y tengo que refugiarme bajo el techo de un puesto de comidas y seguir de pie. La estación comienza a poblarse de gente que cabecea desde el andén para ver si viene o no el tren. Pero no viene. Mientras trato de mover los pies un poco porque el frío y la humedad hacen que ya no los sienta, anuncian demoras por accidente en no sé qué estación. Me trago un suspiro y me resigno una vez más, aceptando lo mejor posible mi puta suerte y me digo: “por algo será”. En ese momento siento una angustia tan irremediable y triste -¿acaso podría ser de otra manera?- que todo es insoportable y quisiera estar en mi casa. No sé cómo y realmente no importa porque la desesperación es más grande, y empiezo a fantasear con la teletrasportación. Pero no es más que una ilusión y tengo que seguir esperando. Esa sensación es la que tengo yo ahora. Pero no es que quiera estar en casa. Es más, diría que cuanto más lejos esté, mejor. Significaría el retorno a las obligaciones y no quiero saber nada de ello. Lo que ocurre es que en casa es más calentito, uno está acompañado y está tu cama, tus cosas, uno se siente protegido de algún modo que no puedo explicar. En cambio ahí, en esa fría y mojada estación, uno está para el cachetazo. Todo conspira despiadadamente. La lluvia te moja, el frío te congela los huesos por más que bailes estúpidamente, y tus bolsillos se tragaron las últimas monedas para el bondi: tenés que volverte a pie. No es la casa, sino el sentido que tiene el estar ahí al resguardo del mundo. Este frío me tiene podrida. Siempre me gustó el frío, pero este invierno ya no lo soporto. Es un invierno feo y triste. Ni siquiera es triste en el sentido positivo en que puede ser tomada la palabra. Es triste porque es un invierno de mierda, vacío. No hay nada más horrendo que el vacío, la nada… y más horrible aún, es darse cuenta y aceptar que soy yo la que está llena de nada, que no existe nadie que pueda modificarlo y que por más que advierta estas cosas, todo va a seguir igual: siempre voy a estar sola esperando el tren.

29/07/2002 (Costa Bonita)





Post-post: el dibujo que agregué al texto es un Kanji del japonés que simboliza la "lluvia" (ame). Creo que la imagen lo sugiere bastante bien pero, si aún siendo así, te preguntabas qué era, ahora lo sabés =)

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